
Querido amigo,
poco a poco me estoy reponiendo del estupor y la sorpresa que me invadió al enterarme ayer a la tarde de la muerte de Kirchner. Ahora muchos van a derramar lágrimas de cocodrilo, pero en sus fueros internos bailan de alegría y gritan “viva el infarto”, como en el '53 escribían en las paredes “viva el cáncer” – que estaba matando a Evita.
Pero son unos pocos, una inmensa minoría de nuestra querida argentina.
Son las 200 familias y las grande corporaciones mediáticas. El resto, todo el país despide acongojado a quien tuvo el coraje y la valentía de “pegarle al chancho, para que salte el patrón”, y el patrón salto.
Y les vimos las caras. Y vimos su odio.
Néstor Kirchner fue el primer presidente democráticamente electo que me hizo sentir que lo que siempre había considerado un sueño era posible. Acabar con las amnistías y propiciar el juicio a los genocidas. Poner límites al FMI. Impulsar una Corte Suprema de Justicia que fuese verdaderamente independiente, y por ende lo contrario de la Corte del faraón Menem. Kirchner valoró y colaboró con las organizaciones de derechos humanos.
Fue un presidente que respetó las protestas populares, logrando que una policía brava obedeciese el mandato de no reprimir. (Sus antecesores inmediatos, Duhalde y De la Rúa, se fueron dejando detrás suyo un tendal de muertos.)
Hasta la presidencia de Kirchner, la Argentina se contagiaba de inmediato de cualquier crisis económica. Las últimas crisis, se toparon por primera vez con una Argentina saludable.
Decir entonces que en la Argentina hay un antes y un después de Kirchner es, pues, simplemente ser respetuosos de la verdad.
Pero, cuanto costo este presente con futuro.
Cuanto costo aprender a vivir el hoy seguros de que el mañana sera aun mejor. Cuanto costo aprender a respetar a quienes protestaban, sobre todo cuando los que protestaban eran “ellos” los blancos ricos terratenientes, que se permitían el cinismo de pedir, eso si, represión cuando los que protestaban eran los “negros de siempre”.
Claro que no todo esta echo. Claro que tenemos aun asignaturas pendientes. Pero cuanto camino hicimos. Hicimos en estos ultimos años tanto camino que los que el país no recorrió en décadas anteriores a partir del 55. Y eso es lo que vale.
Muchos sueños se cumplieron. No todos. Pero estamos en el camino justo. No podemos a abandonar hora.
Tenemos que seguir adelante. Todos los que verdaderamente nos sentimos argentinos queremos eso. Aca se trata de elegir que país queremos. Por eso tanto odio. Porque hoy estamos aprendiendo a ver quienes son los enemigos, los dueños del chancho.
Y el futuro es nuestro, a condición que sepamos distinguir muy ... pero muy bien al enemigo.
Ricardo Ipuche.
Abogado y revolucionario.